Llega el verano, y con él, las ansias de renovarse, Pero en esta búsqueda, debemos tener en cuenta algunos factores, de los que dependerá si el resultado nos transforma en un bello cisne o en un gris patito feo.
El primer factor a considerar será la forma del rostro y el tono de la tez. Para afinar la redondez de la cara, lo indicado es aplicar mechas dos tonos más oscuros que el natural. Mientras que, si el rostro es delgado, se aconsejan rayitos o mechas claras a los lados del mismo.
Un flequillo iluminado suavizará la inconveniencia de una nariz grande. En tanto que, de tener una frente angosta, las mechas claritas detrás de las orejas contribuirán a disimularla.
La solución para atenuar la visibilidad de una molesta papada es cortarse el cabello más abajo del cuello y hacerse una iluminación en la parte de arriba de la cabeza, a fin de desviar las miradas hacia arriba.
Lo segundo a tener en cuenta será el tono de la tez. A las pieles muy blancas les lucen colores como el champagne, arena, rubio ceniza o marrones fríos. Es de vital importancia evitar los colores oscuros, pues endurecen las facciones y hacen que la piel se vea aún más pálida.
En tanto que una tonalidad amarillenta, se verá realzada con tonos marrones y caobas, al tiempo que se deben evitar tonos rubios, ya que dan un matiz verdoso a la piel.
El ceniza y el chocolate lucen fantásticos junto a la tez rosada. Al tiempo que no es conveniente el uso de colores rojizos y dorados.
Y por último, las morenas deberán optar por tonos rojizos y violáceos y olvidar los amarronados, que tornarían sus rostros opacos.
Sintetizando, lo crucial es evitar cambios agresivos, buscar que el color de la piel no se asemeje al del cabello,
y que al mismo tiempo disimule las imperfecciones y destaque los mejores rasgos del rostro.
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