Nadie pasa por alto el aspecto decorativo de estos simples objetos, capaces de transformar cualquier ambiente en un espacio cálido y a la vez enigmático, lo cual hace que su presencia sea siempre una opción acertada en estas ocasiones.
Por el contrario, muchos no somos conscientes de que, además de su función estética, guardan según el milenario “feng shui” una gran carga energética pasible de ser no solo descifrada (se analiza entre otras cosas el comportamiento de la llama, o la forma que adopta la cera derretida) sino también utilizada en nuestro provecho. Un claro ejemplo de esto último es la elección de determinados colores de velas en función de las circunstancias; yendo al caso concreto de la boda, convendría inclinarse por el rojo, por ser tradicionalmente el color del corazón y la pasión sexual. También se recomienda el rosado, que se interpreta como rojo mezclado con blanco –siendo este último, un color de energía positiva, flexible tanto para cuestiones materiales como espirituales-, dando como resultado una llamada al amor más sincero y al romanticismo.
Compartamos o no estas significaciones culturales, siempre es bueno conocer el sentido que los destinatarios puedan llegar a darle a nuestras acciones, y más aún cuando el propósito de las mismas está vinculado al agasajo.
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