Si bien son utilizados desde principios de siglo XX, todavía no se ha logrado el ideal de 100% de efectividad, evitar los de efectos secundarios, ni pueden ser administrados en todas las mujeres.
No son convenientes para mujeres que padecen de diabetes, afecciones cardíacas, con niveles altos de triglicéridos, fumadoras, etc. Por eso, aunque son de venta libre, es muy importante que antes de elegirlos se consulte a un ginecólogo.
Y por más que se tenga el consentimiento del médico, hay factores que pueden reducir su efectividad, como ser el olvido de la ingesta diaria y puntual o el suministro de ciertos medicamentos por padecimientos crónicos o eventuales.
Algunos de los efectos secundarios que pueden presentarse pueden ser dolores mamarios, retención de líquidos, aumento de peso, aumento de presión arterial, náuseas, cefaleas entre otros que se deben a las hormonas que componen la píldora, pero hay algunas con menor concentración estrógenos que reducen la posibilidad de su padecimiento.
Los efectos laterales graves son poco habituales: aumenta la posibilidad de desarrollar cálculos biliares, desarrollo de tumores hepáticos benignos, alteraciones de la proporción de algunas vitaminas y otras sustancias en la sangre, tromboflebitis, tumores del aparato genital femenino, por lo que es imprescindible realizar un seguimiento anual con el médico al consumir cualquier píldora anticonceptiva.
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